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El 11 es una cifra Maldita, pecaminosa e incompleta, que está entre el 10 (perspectiva humana) y el 12 (perspectiva cósmica). Los Apóstoles quedaron reducidos a 11 después de la traición de Judas.
Desde que este país pasó a llamarse Chile, tuvo por primera vez, en toda su historia la oportunidad de hacer algo grande, noble y hermoso por todas las generaciones postergadas y maltratadas, que murieron sin poder ver una mañana distinta, bajo los gobiernos esclavistas a que fueron sometidas.
Desafortunadamente, el egoísmo, motor de la historia, pudo más. La avaricia, espina dorsal de la humanidad, pudo más.
Y entre deficiencias, desacuerdos y felonías al por mayor. La venganza de los patrones no se hizo esperar. Tres años haciéndoles perder ganancias, tres años tratándolos de tú y no de amos, fueron suficiente motivo como para que todo el rencor acumulado que tuvieron, lo depositaran en sus perros entrenados.
El machete empresarial se volvió corvo militar.
De cuerpo mataron a miles, y de adentros millones…
Los que sobrevivieron, se han ido muriendo, unos, poco a poco, otros, por mano propia.
Dentro de algunos años, habrán muerto los últimos sobrevivientes.
Menester es decirles que cuenten sus memorias, que anoten sus historias. Los ricos no olvidarán su gran momento, aquel 11, siempre que tratemos de lograr una vida mejor, lo invocarán.
Ya se han marchitado las hojas de los corvos de talantes mortuorios, esperando el momento preciso para florecer entre los soñadores.
El olor de los neumáticos quemándose es la vaho atrasado que va horadando una vez más, una vez más la oquedad que conduce a las raíces primarias de nuestra historia.
Nos llenaron de dolores prematuros, de demencia precoz abundante en el semblante generacional que se esconde en la estupidez, la frivolidad y el olvido.
Recorrían las calles, las casas, las caras, buscando llenar sus bodegas de derrotados
Y sin embargo, sólo hoy, las multitudes lloran, gritan y envuelven sus puños en rabia de recuerdos recortados a puñaladas horrorosas que trajo el horror de los ricos sobre Chile.
Y hay tantos de aquellos que caminan por las alamedas indiferentes y no ven los charcos de sangre que aún destilan y tiritan nombres que ya nadie recuerda.
Hay de aquellos que nacieron en otro tiempo, que no supieron lo que era beber silencio, oscuridad, oscuridad, y alaridos desgarrados que atravesaban el cemento, los momentos…
¿Es cierto que mientras ellos gritaban, ustedes los ricos celebraban y brindaban?
Que callaron por años, que aún siguen callando. Primero por desprecio, después por conveniencia y por último por cobardía.
Ciertos Pueblos Originarios de América del Sur suturaban las lesiones de una forma muy especial. Unían los bordes de una herida y colocaban una hormiga o escarabajo para que los mordiera; cuando el insecto lo hacía, le retorcían el cuello rápidamente, y quedaban las mandíbulas rígidas al morir, las cabezas unían las partes abiertas y actuaban como increíbles puntos de sutura, luego el torrente sanguíneo deshacía los restos del insecto.
¿Pretenden de la misma manera curar las heridas de este Chile moreteado, mordido y herido?
Que el tronco de seres humanos que lucharon por un mundo mejor, quede cabeza abajo, escondidos, olvidados, menospreciados y asesinados, pretendiendo que nada ha pasado.
Imagino vuestro desencanto, ni todo el dinero del mundo puede borrar el Sacrificio de un Presidente Honesto. Lo han Intentado por años y años.
He imagino como deben odiar a aquellos que honran y siguen su ejemplo.
A pesar de todo, Salvador Allende y esos hombres anónimos que lucharon un día, se repiten una y otra vez en canciones, cuentos, poemas y versos que el mundo declama.
Para ustedes, los vencedores, sólo desprecio y vergüenza.