Pertenezco a una familia que ha estado en la vida pública por muchos años. Mi padre y mis tíos, por ejemplo, fueron militantes del Partido Radical, cuando éste era un partido de vanguardia. Este partido nació con las armas en la mano, luchando contra la reacción conservadora. Mi abuelo, el doctor Allende Padín, fue senador radical, vicepresidente del Senado y fundó en el siglo pasado la primera escuela laica en Chile. En aquella época fue, además, serenísimo gran maestro del orden masónico, lo que era más peligroso que hoy ser militante del Partido Comunista.
Bien pronto, pese a pertenecer a una familia de la mediana burguesía, dejé la provincia, Valparaíso, y vine a estudiar Medicina a Santiago. Los estudiantes de Medicina, en aquella época, se encontraban en las posiciones más avanzadas. Nos reuníamos para discutir los problemas sociales, para leer a Marx, Engels, los teóricos del marxismo. Yo no había frecuentado la Universidad buscando ansiosamente un título para ganarme la vida. Milité siempre en los sectores estudiantiles que luchaban por la reforma. Fui expulsado de la Universidad, arrestado y juzgado, antes de ser médico, por tres cortes marciales. Fui liberado, enviado al norte de Chile y después comencé en Valparaíso mi carrera profesional. Tuve muchas dificultades porque, aunque fui un buen estudiante y me gradué con una calificación alta, me presenté, por ejemplo, a cuatro concursos en los que era el único concursante y, sin embargo, los cargos quedaron vacantes. ¿Por qué? Por mi vida estudiantil.
En Valparaíso tuve que trabajar duramente, en el único puesto que pude desempeñar: asistente de Anatomía Patológica. Con estas manos he hecho mil quinientas autopsias. Sé qué quiere decir amar la vida y sé cuáles son las causas de la muerte.
Terminando mi trabajo de médico, me dedicaba a organizar el Partido Socialista. Yo soy el fundador del Partido Socialista de Valparaíso. Me enorgullece haber mantenido, desde cuando era estudiante hasta hoy, una línea, un compromiso, una coherencia. Un socialista no podía estar en otra barricada que en aquella en la que yo he estado toda mi vida. En verdad, tuve influencia en mi formación de un viejo zapatero anarquista que vivía frente a mi casa, cuando yo era estudiante secundario. Además me enseñó a jugar ajedrez. Cuando terminaba mis clases, atravesaba la calle e iba a conversar con él. Pero como era un hombre brillante, no sólo me planteaba sus puntos de vista sino que me aconsejó que leyera algunas cosas. Y empecé a hacerlo.
Cuando fui a la Universidad, ya había allí una inquietud mayor, y también en esa época los estudiantes de Medicina representábamos al sector menos pudiente, no como los abogados; los abogados, como estudiantes, formaban parte de la oligarquía. Además, yo iba de provincia y desde esa época empecé a ver la diferencia que existía en la Universidad y en la vida. Como médico, las cosas se me fueron haciendo mucho más claras. No soy un gran teórico marxista, pero creo en los fundamentos esenciales, en los pilares de esa doctrina, en el materialismo histórico, en la lucha de clases. Pienso que el marxismo no es una receta para hacer revoluciones; pienso que el marxismo es un método para interpretar la historia. Creo que los marxistas tienen que aplicar sus conceptos a la interpretación de su doctrina, a la realidad y conforme a la realidad de su país. Por ejemplo, yo era tan marxista como ahora en el año 1939, y fui, durante tres años, ministro de Salubridad de un gobierno popular. Soy fundador del Partido Socialista, que es un partido marxista, y llevo dos años en el gobierno. Pero ya lo he dicho: no soy presidente del Partido Socialista, ni mi gobierno es un gobierno marxista.
Yo he sido candidato cuatro veces: en el ‘51, para mostrar, para enseñar, para hacer comprender que existía un camino distinto de aquel que estaba establecido, incluso por el Partido Socialista, del cual yo a partir de ese momento fui expulsado por no haber aceptado esa línea. Expulsado del Partido Socialista entré en contacto con un Partido Comunista que estaba en la ilegalidad. Y así nació el embrión de aquello que es hoy la Unidad Popular: la alianza socialista- comunista. Un pequeño grupo socialista que yo representaba y los comunistas, que estaban en la ilegalidad. En el ‘51 recorrí todo Chile sin ninguna ilusión electoral, pero para decirle al pueblo que la gran posibilidad consistía en la unidad de los partidos de la clase obrera, incluso con partidos de la pequeña burguesía. La fuerza de esta idea, nacida en el ‘51, se manifestó de manera poderosa en el año ‘58. En el ‘58 yo perdí las elecciones por treinta mil votos. En el ‘64, hubiéramos vencido, si hubieran sido tres los candidatos, pero el candidato de la derecha, que era radical, prácticamente se retiró, y quedamos el señor Frei y yo. Y la derecha, apoyó a Frei.
Con esto quiero subrayar que por tantos años yo he tenido un diálogo constante y permanente con el pueblo a través de los partidos populares. Y en esta última campaña organizando los comités de la Unidad Popular en cada fábrica, en los cuarteles, en las calles, en todas partes habíamos formado comités, escuelas, liceos, industrias, hospitales. Éstos han sido los vehículos, los contactos, los tentáculos del pensamiento de la Unidad Popular con el pueblo.
Es por ello que, aunque los medios de información eran tan restringidos, pudimos alcanzar esta victoria de hoy. Se puede usar, aquí, una expresión no política, pero clara: la cosecha de la victoria es fruto de la siembra de muchos años. En el año 1958, el FRAP —que entonces se llamaba así: Frente de Acción Popular— venció en la votación masculina. Yo vencí en la votación masculina y perdí en la de las mujeres.
En 1964, no obstante que Frei fue apoyado por los sectores de la derecha, en el voto masculino quedamos en igualdad, Pero él me ganó, por un porcentaje muy elevado, entre las mujeres. Después de eso, en el ‘70, la verdad es que Alessandri y Tomic habían obtenido más votos que yo en proporción, en el sector femenino. Yo triunfé de lejos, entre los hombres.
Ahora, en el ‘58, las condiciones eran distintas. La Unidad Popular, en aquella época, era representada sobre todo por socialistas y comunistas. Y aun si hubiéramos ganado -gracias al voto masculino- la composición del Congreso era distinta de la actual. Los partidos Conservador, Liberal y Radical eran la mayoría. No había ninguna posibilidad, aun con el apoyo demócrata-cristiano, de que yo venciese al Congreso.
Todo, absolutamente todo, estaba dispuesto en Chile, de modo tal de asegurar la victoria de Alessandri. Además, existía una tradición según la cual el Congreso siempre ratificó a quien venciera en las elecciones. Cuán difícil era suponer que un Congreso en el cual no teníamos la mayoría, hubiera podido romper con esta tradición, para elegir -en el ’58- un candidato socialista apoyado exclusivamente por el Partido Comunista. Si nosotros hubiésemos lanzado al pueblo a la lucha, se habría desatado una represión violenta.
Aunque es cierto que el presidente Ibáñez personalmente expresó simpatía por mi candidatura, no intervino ni me apoyó decididamente. Ni yo le pedí eso. No había ninguna condición, ninguna posibilidad concreta. Ahora, sí creo que hemos demostrado conciencia política. Aquella misma noche yo les dije a los trabajadores que habíamos perdido una batalla, pero no la guerra. Y debíamos seguir preparándonos. Creo que este precedente, entre otros, es lo que ahora me permite tener autoridad moral. La gente sabe que soy un político realista y que, además, mantengo las promesas.
Hace más de treinta años, me correspondió participar en forma activa en la erección del Frente Popular, movimiento unitario de izquierda que, con el sacrificio de legítimas aspiraciones de los partidos de la clase obrera -como el Socialista-, hizo posible el triunfo del presidente Pedro Aguirre Cerda, en cuyo gobierno tuve el honor de ser ministro de Salubridad, como personero de mi colectividad.
En 1952, en momentos difíciles para la clase trabajadora y sus colectividades políticas, enfrenté la dura tarea de encabezar un movimiento de esclarecimiento ideológico, asumiendo su representación en una contienda sin posibilidad alguna de buen éxito electoral. En 1958 y en 1964, fortalecido ya el proceso iniciado en 1951, me correspondió personificar al Frente de Acción Popular en dos campañas presidenciales, que si bien no culminaron en la conquista del poder, contribuyeron de manera decidida a esclarecer y ampliar el proceso revolucionario. El esfuerzo para unificar los partidos populares tiene ahora importancia aún más relevante.
La Unidad Popular se plantea como la alternativa de un gobierno diferente; es la conquista del poder para el pueblo, precisamente después que el país ha experimentado el fracaso del reformismo demócrata-cristiano y cuando aún están a la vista los resultados del anterior régimen, inspirados ambos en el capitalismo tradicional.
El panorama internacional nos señala la urgencia de enfrentar la intromisión imperialista, cada día más insolente y traducida en el fortalecimiento de las fuerzas represivas y contrarrevolucionarias y de la que es gráfica demostración el informe del gobernador Rockefeller.
Bolívar decía: “Los Estados Unidos quieren sujetarnos en la miseria en nombre de la libertad”. Y Martí ha dicho frases mucho más duras. No quiero repetirlas, porque en realidad yo distingo entre el pueblo norteamericano y sus pensadores y la actitud a veces transitoria de algunos de sus gobernantes y la política del Departamento de Estado y los intereses privados que han contado con apoyo norteamericano.
En realidad, la Doctrina Monroe consagró un principio: “América para los americanos“. Pero éste no ha sido efectivamente observado, porque en América del Norte hay un desarrollo económico que no hay en Centro y Sudamérica. El problema no ha sido resuelto sobre base de igualdad de intereses. Defender el principio de “América para los americanos” a través de su Doctrina Monroe ha querido decir siempre “América para los norteamericanos”. Conocemos bien el drama de América del Sur, que siendo un continente potencialmente rico, es un continente pobre, fundamentalmente por la explotación de que es víctima por parte del capital privado norteamericano.
Nosotros luchamos fundamentalmente por la integración de los países latinoamericanos. Creemos que es justo el camino indicado por los padres de la patria, que soñaron la unidad latinoamericana para poder disponer de una voz continental frente al mundo. Esto naturalmente no impide que miremos no sólo con simpatía sino también en profundidad el significado de la presencia del pensamiento del Tercer Mundo. Podría sintetizar mi pensamiento en respuesta a su pregunta diciendo que luchamos antes que nada por hacer de América un auténtico continente en sus realizaciones y por ligarnos cada vez más a los países del Tercer Mundo. Es claro que creemos que el diálogo es fundamental. Los pueblos como el nuestro luchan por la paz y no por la guerra; por la cooperación económica y no por la explotación, por la convivencia social y no por la injusticia.
Si el hombre de los países industrializados ha llegado a la Luna, es porque ha sido capaz de dominar la naturaleza. El problema es que, si bien es justo que el hombre ponga los pies sobre la Luna, es más justo que los grandes países -para hablar simbólicamente- pongan los pies sobre la tierra y se den cuenta que hay millones de seres humanos que sufren hambre, que no tienen trabajo, que no tienen educación. Por eso pienso que el hombre del siglo XXI debe ser un hombre con una concepción distinta, con otra escala de valores, un hombre que no sea movido esencial y fundamentalmente por el dinero, un hombre que piense que existe para la fortuna una medida distinta, en la cual la inteligencia sea la gran fuerza creadora.
Quiero decirle que tengo confianza en el hombre, pero en el hombre humanizado, el hombre fraterno y no el que vive de la explotación de los otros.
La tarea que tiene ante sí la Unidad Popular es de tal urgencia histórica que, si no se cumple con prontitud, incontenibles tensiones sociales arrastrarán a Chile al caos, como consecuencia del fracaso del sistema. Hasta un ciego puede ver las proyecciones y el significado que han tenido y tienen las huelgas del Poder Judicial y del Regimiento Tacna. La hoguera de rebeldía juvenil no se apaga sino con su presencia activa y creadora en la construcción del socialismo.
Si los partidos que reivindican para sí la responsabilidad de vanguardia no son capaces de cumplir adecuada y unitariamente su papel revolucionario, surgirán en forma inevitable la insurgencia desesperada o la dictadura como proyección de la insuficiencia cada vez más notoria del régimen. No es el camino de la asonada, sin conducción política responsable, la solución que puedan sustentar los verdaderos revolucionarios.
Luchamos por crear el más amplio y decidido movimiento antimperialista, destinado a que se cumpla la revolución chilena. Los emboscados que hubieran podido llegar hasta nosotros serán aplastados por la clarividencia revolucionaria del pueblo. No somos sectarios ni tampoco excluyentes; somos y seremos, sí, exigentes, para que en Chile el pueblo no aparezca burlado en sus ansias de independencia económica y política. La dictadura contrarrevolucionaria no será capaz, por cierto, de abrir posibilidades al país ni de acallar, por el imperio de la fuerza, la legitima rebeldía de los chilenos altivos y combatientes.
El cuadro nacional nuestro es muy claro. La frustración se expresa desde el intelectual al campesino, y la juventud busca tácticas de lucha que señalan su decisión de desafiar resueltamente el actual estado de cosas, aunque aquéllas no sean las más convenientes para el desarrollo orgánico del proceso revolucionario. Quienes tenemos serias responsabilidades en el movimiento popular y hemos fundido nuestra suerte con la suya, nos hallamos más obligados aún para asumir una actitud de desprendimiento y de consecuencia moral.
Personalmente, sólo aliento un anhelo íntimo: que vaya donde vaya, esté donde estuviere, seguiré siendo para el pueblo “el compañero Allende”.
| |
|
Oscar Contardo En 1971 el gobierno de Allende convocó a intelectuales y artistas de todo el mundo en Santiago para que a través de ellos la comunidad internacional se enterara de su proyecto político. En ese momento todo debió ser política, y eso que ahora podría traducirse como "imagen país" también lo era. Entre muchos otros llegaron Julio Cortázar, Roberto Rossellini, y, por iniciativa de José Balmes, vino el crítico español José María Moreno Galván. Importante, respetado, con conexiones en Europa y América Latina. Un día de paseo por el centro de Santiago el crítico se paró frente al palacio de gobierno por calle Moneda y le dijo a Balmes "tengo una idea". La idea era crear una colección de Arte Moderno donada para "el pueblo de Chile". Balmes le respondió que era cosa de cruzar la calle para arreglarlo todo. Así lo hicieron. El gobierno dio aviso a las embajadas, dispuso que la institución a cargo sería la Universidad de Chile, Moreno Galván activó sus redes y antes de que finalizara el año en las oficinas de la Escuela de Bellas Artes la galerista Carmen Waugh recibía la primera obra: Un Miró. En abril del 72 se hizo la primera exposición en la Quinta Normal. "Para la segunda, que se hizo en la Unctad (luego Diego Portales, pronto Gabriela Mistral) en noviembre de 1972, ya habían llegado cerca de 500 obras, entre ellas el Frank Stella", recuerda José Balmes, actual director del Museo de la Solidaridad. Esa es la primera parte de la historia de la colección que sirve como base para la muestra que se inaugura este mes en el Centro Cultural Palacio La Moneda. En Europa El museo -o más bien la Fundación Solidaridad- es la institución que actualmente custodia la colección que se inició el 71 después de la Operación Verdad, pero que continuó incrementándose en Europa cuando sus gestores -Pedro Mira, Miguel Rojas Mix, Carmen Waugh, Gracia Barrios y el propio Balmes- se fueron al exilio. Mientras las obras donadas hasta 1973 permanecieron en un subterráneo del Museo de Arte Contemporáneo, en Europa continuaban las donaciones en lo que se llamó "el museo de la resistencia". Sólo en 1991 las dos partes de la colección fueron reunidas, y en 2005 se logró la solución legal para determinar la institución definitiva que albergaría las piezas que en su inicio fueron un regalo al "pueblo de Chile". El 26 de junio se inaugura la muestra que bajo el título "Homenaje y memoria, centenario Salvador Allende" mostrará una selección de las más de 2.500 obras que alberga la Fundación Solidaridad, creada para preservar el fondo. Incluirá 140 obras -de hecho, el espacio del Museo de la Solidaridad sólo permite exponer entre 50 y 70 obras por exhibición- y será curada por Mariano Navarro, presidente del Consejo de Críticos de Artes Visuales de España. De las piezas elegidas por Navarro, hay 35 que nunca han sido expuestas antes. Entre las novedades, se cuentan obras del venezolano Régulo Pérez, pinturas de abstracción geométrica del italiano Gualterio Nativo y del cubano Salvador Corratgé, además de donaciones recientes de los contemporáneos chilenos Pablo Rivera, Concepción Balmes y Víctor Hugo Bravo. La selección de Mariano Navarro comenzó hace más de un año, cuando viajó a Santiago a conocer exhaustivamente las piezas almacenadas en el edificio de la calle Herrera -que albergó al Museo hasta 2005- y que han sido autentificadas y avaluadas por expertos de la casa de subastas Christie's (ver recuadro). "Es una de las más importantes del siglo XX existentes en América Latina", asegura el curador. La excepcionalidad del fondo que mantiene el Museo de la Solidaridad es múltiple. Además de la cantidad, se trata de obras donadas por los propios artistas y no adquisiciones. Piezas de Calder, Vasarely, Miró, Lam, Cruz Díez, Tapies, el Equipo Crónica, Frank Stella. Desde el Pop a la Abstracción Geométrica, desde artistas chilenos a pintores escandinavos. Mariano Navarro, el curador, responde: -La colección está vinculada a procesos políticos, ¿es posible apreciarla despojándola de su sentido político? "El arte admite muchas vías diferentes de acceso y cada cual puede elegir las suyas. Tengo el convencimiento, sin embargo, de que quien despoje a la colección de su sentido civil, humanista, de compromiso con la libertad de los pueblos y la democracia no sólo la reduce, sino que se priva a sí mismo de participar de uno de los mayores logros a los que el arte contemporáneo puede contribuir con sus propios medios". -Carmen Waugh, ex directora del museo, aseguró en una oportunidad que ella veía estas obras como el espíritu de una época y que por eso pensaba que extender la colección con obras más allá del año 80 la desvirtuaba. ¿Qué opina usted sobre esta idea? "Estoy de acuerdo en una primera formulación según la cual el centro cronológico es el de los años setenta, y que esa característica -que en mi texto para el catálogo he vinculado a la idea actual de museos del presente-, sin duda, le proporciona una carácter epocal igualmente único en el mundo. Más si consideramos lo convulsos y a la vez prometedores que fueron esos años. Sin embargo, creo también que el Museo de la Solidaridad es un museo vivo, que debe estar presente en su tiempo y que debe continuar una labor que no puede interrumpirse porque las ideas que lo gestaron siguen siendo absolutamente vigentes". -Dentro de esta colección hay subgrupos, "subcolecciones". Podría destacar alguna... "Hay bastantes grupos y subgrupos que pueden delimitarse con las obras de la colección. Incluso algunos -así muchas de las obras estampadas, por ejemplo las procedentes de México- que no he incluido en la muestra. Destacaría la Abstracción Geométrica, de la que el Museo posee una interesantísima colección internacional de obras fechadas en los mismos años. Hay obras procedentes de Italia, Suiza, Polonia, Hungría, España, México, Argentina, Brasil y Estados Unidos. Nombres históricos como los de Vasarely, Cruz-Díez, Eusebio Sempere, Lygia Clark o Frank Stella, y otros desconocidos, pero de gran calidad, como Robert Israel; también está el informalismo español, con piezas de sus principales representantes; las distintas derivas del Pop Art y, por último, las obras de intervención social o política". -En el proceso de revisar las piezas, ¿hubo algún hallazgo que valga la pena comentar? "Para mí bastantes. Pero destacaría en especial las obras de aquellos artistas a los que las circunstancias han retirado del panorama internacional -como el norteamericano Robert Israel, antes mencionado- de los que resulta cuando no difícil sí imposible averiguar algo de su trayectoria y biografía, pero que demuestran una calidad y una contemporaneidad que te hace difícil entender su desaparición". Datos Básicos "Homenaje y memoria, centenario Salvador Allende" Colección Museo de la Solidaridad Lugar: En el Centro Cultural Palacio La Moneda. Fecha: Desde el 26 de junio. La colección fue avaluada y autentificada por especialistas de Christies. "No puedo decir en cuánto está avaluada" La casa donde actualmente funciona el museo es en sí misma un registro de la historia de Chile. Diseñada originalmente por un arquitecto para su familia de origen belga, en los 60 albergó al Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile y luego a un cuartel de la CNI. República 475 es la segunda dirección que tiene el Museo de la Solidaridad en democracia, luego de su traslado del edificio de calle Herrera esquina Compañía. José Balmes es el director del museo. El pintor ha estado ineludiblemente ligado a la colección desde la Operación Verdad y a Salvador Allende desde que lo recibió en su calidad de ministro de Salubridad cuando Balmes desembarcó del Winnipeg. -¿Está avaluada la colección? "Sí, claro" -¿En cuánto? " No te puedo decir, porque son cifras que yo soy incapaz de relatar". -¿Existe otra colección que haya sido donada de esta manera en alguna parte del mundo? "No, ninguna. Cuando estábamos exiliados en Francia nos reunimos con un grupo de pintores franceses, italianos y chilenos y decidimos hacer una donación en homenaje a Nelson Mandela, que en esa época estaba preso. Mandamos por lo menos 80 obras donadas por distintos artistas. Eso es lo más parecido a lo que se hizo aquí". -¿Han seguido las donaciones? Sí, van a a seguir y las vamos a aceptar. Vamos a hacer una gran exposición de Juan Pablo Langlois acá, dentro de dos o tres meses. Y el él va a donar una obra". -Pero la capacidad física de almacenaje es limitada... "Actualmente estamos ocupando como bodega un espacio en la casona de la calle Herrera, cedido por la Dibam hasta que podamos construir algo propio. Emanuel Araujo (arquitecto, ex comisario de la Bienal de Sao Paulo, figura importantísima del arte contemporáneo) ya tiene una idea, un proyecto para ampliarnos y poder trasladar todos los fondos aquí a calle República. Eso se hará cuando tengamos los recursos". -¿Cuál es el límite de la colección?, ¿tiene un límite? "No, no tiene límite. Lo que nos donen tenemos que aceptarlo". La muestra en homenaje al centenario de Salvador Allende fue financiada por Seacex, la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior del gobierno español. Este organismo también financiará la itinerancia de la muestra en América y Europa. Paralelamente se inaugurará una muestra de artistas chilenos contemporáneos el 24 de junio en la sede del museo de calle República. |